Los órganos se retorcieron de dolor; un dolor impulsado por una intriga revolucionaria.
Lo que había descubierto no era ni totalmente maléfico o imnótico, sino que era la combinación de la destrucción de la noche serena. Estuvo aquella vez para presenciarlo, nunca pudo entender cómo generaba ese briollo en los ojos de la tierra. Recuerda que los objetos flotaban armonisamente conjunto a la energía, como si hubiesen ordenado cada gardenia estratégicamente para lograr el ritual. Y así comenzaba el transcurso del viaje, entre quemas de abedul, salvia y flores de valeriana, formando un collar. Jamás supo cuándo ni dónde terminó.
Noche de protección.
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